Una cosa es una cosa y otra cosa es…

Tubo de Ensayo, por René Delios ·

Una cosa es que decepcione la 4T y el presidente, y otra cosa es las propuestas de su partido, que es ahora el que tiene más aceptación en el país, y ahí están los números y gobiernos estatales alcanzados en solo cuatro años por Morena, de la misma manera en que, los decepcionados de esa 4T y su partido, no optemos por mirar hacia atrás en busca del pasado que, sabemos, fue desastroso para la nación y también, ahí están los números.

Porque en serio: ¿Qué bueno puede proponer un trio de partidos tumefactos como lo son el PRI, el PAN y el PRD?

Y para la otra propuesta: ¿Qué ofrece un movimiento naranja -MC- cuyo dirigente es tan santón en ese partido como AMLO en Morena?

Ante esa clara falta de oferta política en las siglas a elegir, el derecho a abstenerse es también opción y a la vez, a la hora del conteo, un resultado electoral a observar por el órgano electoral y los costosos partidos políticos como referente de que, a ese sector de la población no les parecieron ni candidatos ni propuestas de campaña.

¿Y que tal si ese abstencionismo llega al 40 por ciento?

Porque si se pasa del 50 por ciento del listado nominal hay naciones en las que se recurre a una segunda vuelta para legitimarla.

En México no; se gana por mayoría relativa, es decir, la mitad de los que voten más uno, con eso hay ganador, y es elección legal, pero ¿Es legitima?

Es decir que, si el abstencionismo llega al 55 por ciento, el voto fue de 45 por ciento del listado nominal, y de este voto, el ganador logró la mitad y la mitad se reparte entre sus competidores, y entonces tenemos un resultado legal pero ¿es legítimo representante del distrito? porque es claro que de los votantes -ese 45 por ciento-, la mitad de sufragantes no lo consideró su favorito, y si le sumamos el 55 por ciento del listado nominal que no votó por nadie, tenemos que más del 75 por ciento de la gente del distrito no lo consideró para que los represente en la cámara.

¿Y luego?

De legisladores sin legitimidad están plagadas las cámaras locales, y hay más de los calculados en las federales.

Pero se dicen representantes populares.

No lo son.

La otra -para colmo- es que, ya en las curules, se tornan diputados de partido, no del pueblo; obedecen a directrices de bancadas y en la peor, de alianzas -como ¡Va por México!; como “Juntos hacemos historia”-, y en el caso del partido en el poder, de la presidencia, esto es, se vuelven sujetos al ejecutivo federal, lo que nulifica de facto la ordenanza deiure que es la independencia de poderes.

O sea que, toda esa clase política se sirve del voto de la ciudadanía para legalizar su modus operandi, que como sabemos, es corrupto y anti democrático de origen, por la imposición de candidaturas vía tráfico de influencias y corrupción política, y esto dicho por la observación mundial -no por éste escribidor de bodrios-, pues México se ubica entre los 40 países más corrutos del mundo, y dentro de ello destaca la confabulación de gente del gobierno con el crimen organizado, o sea, la famosa narcopolítica que, negada por todos los partidos, pulula entre todos los partidos, aparte de influir en los tres niveles y tres instancias de gobierno.

Así ¿Realmente nos llevan a la democracia?

Porque asegurarlo ahora es imposible, pues falta mucho para alcanzarla; en la practica o en los hechos, la democracia es incluyente y equitativa; es equilibrio, paridad, transparencia, justicia social y digno desarrollo humano, y todo lo bueno que ahora no hay en este México lindo y querido.

Y la última: ¿Votar por eso que no tenemos, o más bien, por todo esto que padecemos, nos hace responsables o cómplices?

Digo, porque dicen qué cada pueblo tiene el gobierno que merece, y esa referencia incluye a los abstencionistas, aún no hayan participado en esa decisión política.

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