Realidad Novelada, por J.S. Zolliker ·

Habían pasado unos 20 minutos de las dos de la tarde cuando sonó su teléfono celular y como iba conduciendo, contestó desde los audífonos:

–Buenas tardes, mi nombre es Jaime Gómez, llamo del departamento de prevención de fraudes de CitiBanamex y estoy buscando a la señorita Margarita Trujillo Aspiri.

–Dígame –respondió con desagrado. 

–El motivo de la llamada es porque hemos detectado un intento de pago por tres mil 700 pesos en internet con su tarjeta terminación 0984 y queríamos verificar si usted reconoce el cargo.

–Yo no he hecho ningún cargo –dijo molesta. 

–El sistema lo identificó como sospechoso porque el nombre del comprador no coincide con el suyo. ¿Conoce usted a Hernando Gómez Villa? ¿Es familiar o persona de su confianza?

–No, no lo conozco.

–¿Podría confirmarnos, señorita Trujillo Aspiri, que tiene en su poder en este momento la tarjeta terminación 0984?

–Sí, debe estar en mi cartera– respondió ella, algo dubitativa. En ese momento, recordó que la usó por última vez, hacía unas horas, para cargar gasolina. ¿Se la habrán devuelto?

–¿Sería tan amable de verificarlo? De otra forma, procederíamos a cancelarla –insistió el hombre. Como pudo y con cierta molestia, orilló y detuvo el vehículo. Encontró la tarjeta y reiteró que la tenía.

–Muchas gracias, señorita Trujillo, entonces no será necesario reportarla. Recuerde que en CitiBanamex nunca le llamaremos para pedirle sus datos confidenciales de tarjeta ni su NIP del cajero– le respondió parsimonioso. –Si usted me lo permite, procederé a solamente levantar un folio de pago no reconocido para que no se le haga ningún cargo.

–Sí, por favor –contestó aliviada y retomando el camino hacia el Paseo de la Reforma.

–Con gusto. La dejo un minuto en espera para registrar la información en el sistema. Ella no sabe cuánto tiempo pasó, pero recuerda que escuchó un comercial que promocionaba créditos hipotecarios. 

–Gracias por su espera, señorita Trujillo –le dijo la voz masculina. –Le confirmo que ya se ha levantado un folio de reporte, mismo que le llegará por mensaje de texto a la brevedad y que no le será cargada ninguna cantidad no reconocida. 

–Gracias –respondió tranquilizada y le confirmó: ya llegó el mensaje de texto.

–¿Sería tan amable de ratificarme el número de folio de ocho dígitos para cerrar mi reporte y dar por terminada la llamada de servicio?

–Claro –le contestó aliviada de no tener que hacer frente a otro gasto no previsto y aprovechando que estaba detenida en un semáforo, echó una rápida mirada al mensaje y lo más veloz que pudo (no quería que la fuesen a multar por ir mirando la pantalla del celular), dictó el número que recibió por SMS.

–Gracias, señorita Trujillo, de mi parte eso sería todo. ¿Hay algo más que pueda hacer hoy por usted? –le preguntó con calidez antes de ambos se despidieran y colgaran.

Dos días después, Margarita quiso comprar un chai latte, pero su compra con la tarjeta fue declinada. Intentó entonces sacar dinero del cajero y al consultar su saldo, encontró su cuenta en ceros. Corrió a su oficina, encendió su laptop y con el corazón a tope, quiso entrar a su cuenta bancaria en línea. No pudo.

Resulta ser que, si pones que no recuerdas tu contraseña en el sitio web del banco, se te manda por SMS al celular registrado, un código único para entrar en la banca electrónica una única vez y poder así, cambiar contraseñas para obtener control de la cuenta. 

Y pues unos malnacidos que conocen bien el sistema, le llamaron en un mal momento y ella les entregó, voluntariamente, la clave de ocho dígitos. Margarita, se quedó sin los ahorros de casi una década que utilizaría para el enganche de un departamento y además, la endrogaron con un crédito personal que deberá pagar. 

¿Cómo consiguieron sus datos completos? ¿Su teléfono celular? ¿La terminación de su tarjeta? Cuidado. Comparte para que nadie más caiga en estos nuevos esquemas de estafas y fraudes telefónicos. 

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