Realidad Novelada, por J.S. Zolliker ·

El despertador timbró a medio día y Narciso Guisote pretendió quedarse dormido otro rato, pues la noche fue larga en compañía de sus amigos de bohemia (así le llamaba a la bola de léperos con los que cantineaba y cantaban, y declamaban, y arreglaban el mundo con un Bacardí en la mano). Estaba, pues, volviendo a cerrar los ojos para dormir la resaca, cuando un recuerdo le reclamó ponerse de pie de un brinco: era día de salvar a la patria.

Anoche, con sus beneméritos y distinguidos, charlaron, departieron y al final disertaron sobre un grave ataque a la benjamina de la familia del partido de la esperanza de México y acordaron, bajo el grave y siempre cierto juramento del beodo, hacer una estrategia ciudadana, pública y gratuita para salir en su defensa y con ello, salir también al resguardo de la nación y del cambio verdadero. O eso recuerda que dijeron. 

Con un dolor de cabeza trepidante, recuerda entre brumas mentales que ayer vio la noticia mientras andaba recorriendo restaurantes para recitar poesía a los comensales a cambio de unos pesos o sonrisas que sus mercedes quisiesen otorgarle: su Claudia Shamebound había sido atacada por la Comisión de Quejas y Denuncias del Instituto Nacional Electoral (INE), quien determinó la procedencia de las medidas cautelares, al considerar que existe una estrategia de publicidad ilegal con propaganda y pintas y lonas que con el slogan#EsClaudia, buscan colocarla antes de tiempos electorales, como la sucesora y candidata del presidente López. 

Para inspirarse, Narciso Guisote se preparó un café en polvo con su inigualable jarra de peltre y mientras se lo bebía con dos de azúcar, comió un poco de pan de dulce (una oreja de pasta de hojaldre) y luego fumó el resto de un cigarrillo que tenía reservado para una especial ocasión. Ya fortalecido, energizado, estimulado, se emperifolló y después se sentó en la mesa de la cocina y de la bolsa frontal del saco, extrajo un lápiz cuya punta lamió y que dispuso como herramienta para culminar la promesa vertida a sus camaradas: idear una estrategia para atacar a ese órgano electoral autónomo e independiente que solo estorba los reales y leales actos anticipados de campaña de aquella heroína de la lealtad republicana. 

¿Acaso puede una autoridad negarle el derecho a los cuarenta-y-tantos fanáticos del equipo de futbol de Los Gallos Blancos a hacer pintas en cualquier barda que les dé la gana? ¿Qué acaso no pueden los seguidores musicales de la banda Xalatlaco pintar las bardas de la colonia Capotzolli en Santiago Tianguistengo? ¿Acaso puede la SCT garantizar con toda severidad y seguridad que los anuncios de Coca Cola y sus espectaculares en la ciudad no son puestos por amantes de la soda que solo están ejerciendo su libertad de expresión popular como dice el carnal Tezcatlipaco? ¿Luego entonces, por qué atacan a la Shamebound? ¡Por conservadores!

Me llamo Narciso Guisote y declaro bajo protesta de decir verdad, le escribió, que los datos en este escrito son correctos y corresponden a la autenticidad, exactitud y sinceridad: los que somos gente buena no tenemos causa para dudar de su palabra y sabemos que, si se hizo publicidad ilegal, fue por los enemigos de las causas justas. Por eso, Claudita Shamebound te regalo estas palabras que imagino puedas usar en caso de ser necesario para acallar al pueblo malo: “Onvres regios que me acusáis sin razón, sin ver que lo que decís, es obra de un milagro de aparición y multiplicación piadosa y no de una mano que obra la pintura con buen trazado sin lacado. Si con ansia igual solicitáis mi desdén, ¿por qué no comprendéis que mis amigos obren bien si comen cash, pero aguado si no les pagáis o les incitáis al mal? Combatís su resistencia pacífica y luego con gravedad decís que fue liviandad lo que hizo la dirigencia partidista”… con una sonrisa complacida, Narciso Guisote selló con saliva la misiva y se dirigió a depositarla en el correo en el camino hacia su cantina favorita. 

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