El retraso con la CNTE

Tubo de Ensayo, por René Delios ·

Mi nieta es una niña de ocho años que tiene una maestra eficiente. 

No necesité mucho para darme cuenta de ello por la calidad de su léxico, la exposición de sus argumentos, y entendí el avance de mi nieta, y me cae que ese tipo de docente con licenciatura deberían ser considerados como académicos, pero esa categoría es nada más para el nivel superior, la realeza del conocimiento en México, quienes desde sus maestrías y doctorados acartonados -los más con tesis plagiadas, pues en este país ni se lee ni se escribe bien-, no miran a los obreros del sector, al basamento de la educación en México, desprestigiados injustamente por los excesos en contra de terceros de la CNTE, en nombre de sus derechos laborales.

Pero esa es otra vaina. 

La que nos ocupa es que hay quienes logran su plaza de docente de primaria e igual se acartonan: no crecen profesionalmente y se rezagan; por eso la evaluación al magisterio da terror en la CNTE. Neta que la estadística no miente, pues los estados en donde hay más presencia de la llamada coordinadora, son los más rezagados en la calidad educativa. 

¿Qué se puede decir ante eso? 

Llevan más de tres décadas teniendo como enemigo al «maldito gobierno», y ya vimos que es con las siglas que sean, “por su bandera de lucha”: se pelearon con el PRI dos décadas, luego doce años con el PAN y otra vez con el PRI en su expresión más neoliberal, y ahora con la izquierda moderada de AMLO. 

El caso es justificar la inconformidad como sea para mantenerse vigentes pues ¿Qué hacen esos líderes sin banderas que batir? 

Lo que veo es que entre el gobierno y la CNTE tienen a mi nieta de rehén; ella es nieta de México, cosa de segunda creo, porque ni maestros ni los funcionarios del gobierno se ponen a pensar en ella en medio de sus discordias, y eso es una encerrona, pues ya no se puede como antes hacer y deshacer leyes por orden presidencial, y por otro lado, la pobre educación básica -la más costosa de América Latina- que se imparte en México, ya tiene obligadamente sus repercusiones sociales que, desde luego, hace falta definir y, eso, debe darse de la mano con una evaluación de la educación básica, cívica por supuesto, laica desde luego -sin moralinas disfrazadas y poder hablar de sexualidad tal cual desde primaria-, en la inteligencia de que no puede haber desarrollo sin educación, y si es de buena calidad, bien informada, eso se asegura a mediano plazo.

Pero como supimos, el gobierno implementa de manera unilateral un nuevo proyecto educativo que, debió, contemplar al magisterio.

Lo impuso, arbitrariamente a riesgo de su fracaso, apenas el enero, como ha sucedido siempre, igual por evitar que la CNTE, tomara de bandera el caso.   

Mi nieta sabe leer y escribir -y bien-; suma y resta: ¿Yo puedo educarla y enseñarle más que un maestro promedio? Igual y sí, pero yo no valgo: no expido certificados ni títulos; tienen que ser ellos y ellas: el magisterio, y desde luego, el elefante miope de la SEP. 

Ya sé que hay buenos académicos -así quiero llamarlos- entre el magisterio; que en la secretaría hay lumbreras que pueden mejorar los criterios del tronco común, pero como yo, solo ven que el aterrizaje del conocimiento en los educandos es deficiente, y no se puede hacer mucho, y menos sin la cooperación de la otra parte fundamental en esto: los padres de familia o tutores, los más lamentablemente sin capacidad para conllevar o coadyuvar en la instrucción de sus hijos, y eso se vio durante el confinamiento, en dónde los más percibimos la necesidad de conocer la metodología pedagógica, y nos vimos rebasados por la tecnología “En línea virtual” que no conocíamos aun su existencia de tiempo ha, pero no nos la incluyeron en su momento como sucedió ya tiempo en países avanzados, por eso, por actualizados.

Los padres de familia le entraron a cooperar en la educación en línea: fue un desastre, y eso va a tener sus consecuencias pedagógicas en breve: los números lo dirán. 

Ya tiene su tiempo que me di cuenta que las multiplicaciones y divisiones se hacían en otro formato al que usamos en mi infancia -¡Ja!- hará 52 años de los sesenta que tengo; lo noté con mi hija y luego los varones, y desde luego me apliqué y me brincó el método que no variaba en el procedimiento: memorizar, sea matemáticas, historia, en fin, tal cual el libro, y no razonar los contenidos, y el problema es que exponer eso en casa era cuestionar el desempeño del maestro en el aula

Es cuando te das que el docente no es bueno; que trabaja sin vocación, sacaba sin talento la clase. 

Y así nos podemos llevar un buen rato con el tema de la evaluación, que es necesaria, indispensable en un personal docente, y que no podemos determinar los ciudadanos, menos los alumnos; tampoco podemos hacerlo con los que diseñan el tronco común en la SEP, el o los planes de estudio de los subsistemas educativos, los que deben ponderar el razonamiento, el respeto a la ley y el derecho de terceros, incluyendo un civismo y el patriotismo, aun esto último se considere -por los sociólogos- innecesario en un país tan antiguo como el nuestro. 

No, el gobierno no fomenta el nacionalismo como la iglesia no fomenta la fe: lo hace el pueblo mismo; de entre sus elementos salen los funcionarios, sus predicadores; gobierno e iglesia son entes, con dados cargados, que es lo lamentable, pues ponderan sus criterios por sobre el de los otros, y son intolerantes a la crítica de los contrarios, y más si divergen de sus planteamientos filosóficos, ideológicos, fundamentalistas. 

La escuela no; esta es laica, imparcial: socrática. 

Esto es que los métodos educativos no pueden reducirse a informar o comunicar mediante la lección expositiva y menos impositiva, como dijo Sócrates hará dos mil 500 años; es decir que un proceso de enseñanza deseable debería ser dinámico e incorporar las nuevas herramientas tecnológicas al aula -¿Qué tal pantallas de plasma en vez de pizarrones, e iniciar una educación interactiva con escuelas de otros estados?-, no sólo para transmitir conocimiento sino también para visualizarlo e incentivar e inducir el aprendizaje con mayor celeridad, y provocar la interlocución, la polémica, aún amplíe la labor docente, incluyendo hacer dudar al alumno, enseñarle a argumentar para encontrar la verdad a través del diálogo. 

Digo, es un método que existe desde hace 25 siglos, y que a la fecha continua vigente en las naciones más avanzadas del mundo. 

Pero en nuestra aldea mexicana no. 

Eso no pasa, incluso hubo su época que el magisterio fue considerado un apostolado, por lo que sus ponencias frente a aula eran indiscutibles, inapelables, incuestionables aun fueran equívocas. 

De ese tamaño.   

Por eso tienen con mucho la idea de que son los portadores de la verdad –hay docentes prepotentes, que minimizan sin respeto a los padres de familia-, y pues no, nunca lo han sido, y aunque exigen derechos laborales pendientes –pues se lo deben y con mucho, en neto-, ya es la hora en que ese magisterio eleve el discurso, el criterio y la calidad, de la misma manera en que impulsa su lucha gremial famosa en América Latina. 

Ojalá también fueran reconocidos en esa medida por la calidad de su trabajo. 

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