Difícilmente pasará

Tubo de ensayo, por René Delios 

Ha sido controversia señalar que hay libertad de expresión en México, porque si antes se practicaba el “Te pago para que no me pegues” a través de la publicidad oficial, hoy la mecánica parece ser “te combato”, no solo desde el gobierno –empezando por el presidente- sino también desde lo ilícito.  

El gobierno federal redujo su trato institucional con los medios, en especial los señalados por el propio presidente, que no han sido pocos, incluyendo los periodistas exhibidos por el mandatario en los listados de pago, por los que muchos fueron los que protestaron ante tal “queme” que, indicaron, eran víctimas de inquina por los cuestionamientos que le hicieron estos personajes al actual mandatario en su campaña proselitista, y ya en la silla del águila.  

La verdad fue claro que sus comentarios –aún siguen algunos- si han sido cargados y hasta mal intencionados, para muchos porque les quitaron el chayo, para otros son comunicadores profesionales a los que se trató de desprestigiar por no aceptar tratos sucios.  

Pero en medio de eso el presidente se lleva entre las patas como se dice, el concepto de que esos medios son empresas con trabajadores, y aún no se tenga el dato y por lo leído en referencia, deben ser cientos ya los periodistas despedidos de los medios en declive por todo el país, que igual tiene feliz al presidente y seguidores, pero que no es nada bueno para el criterio público, pues no puede haber democracia sin periodistas -como no puede haber desarrollo sin información-, al menos que solo se quieran quedar con la versión oficial, en esa unilateralidad de portador de la verdad que está caracterizando a esta administración megalómana.  

Recién fue día de Don Belisario y salve –de mi parte- para el prócer, pero su ejemplo no está siendo seguido desde tiempo ha –y no mereció una celebración oficial a su nivel-, y como que hace falta sentarse y establecer con claridad qué es libertad de expresión y qué es publicidad, es decir, descontaminar esa relación y establecerla conforme a la circulación, cobertura.  

Ya sé: difícilmente pasará.  

Ahora la otra historia: de la misma manera en que se cuestiona la calidad educativa, tenemos el mismo problema en la informativa; los intereses de todo se mezclan y distorsionan contenidos, limitan al profesionalismo -vía censura- y no hay de otra que no dar la información como es.  

Cientos de medios informativos en este país, siguen practicando el dolo y pues ya van cuatro años que llevan la finalidad de ablandar al aparato moreno, y recuperar sus tratos y contratos leoninos.  

Por eso la calidad de contenidos y métodos de investigación cayeron; supongo que deben de mejorar sustancialmente, con la idea superior de que el lector, radioescucha o televidente, consuma información, sabedor de que se le informa bien.  

Pero resulta que, ahora, creen más en las redes sociales y sus influencer, que en un periodista; los mismos políticos recurren a éstos nuevos comunicadores, para proyectar su imagen o denostar a terceros.   

Hoy hasta esos términos de chayotero o peinador; payolero y demás etcéteras que se manejaban en la áspera relación de políticos y periodistas, ya son del dominio público gracias a las redes sociales –y lo celebro-, cansados de la «prensa vendida», y sí, incluyendo a esa referencia sobre comunicadores fifís o chairos, que merecen un análisis aparte, porque incluye directamente al presidente como promotor de enjuiciamiento público en el que no debería de meterse, en un México en donde matan periodistas –como a activistas- a destajo, ante la inoperancia de su gobierno, ante esos crímenes la mayoría -para no variar- impunes. 

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