Javier Domínguez
24 de marzo de 2025
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.– La violencia contra mujeres embarazadas en Chiapas sigue siendo una problemática alarmante, especialmente entre las madres adolescentes indígenas y mestizas en zonas urbanas. Un estudio realizado por Annette Elisabeth Hartmann, académica de la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), revela que el 76.7% de ellas ha enfrentado algún tipo de agresión, desde maltrato verbal hasta negligencia médica.
A través de entrevistas a 60 madres de entre 12 y 19 años en barrios periféricos de San Cristóbal de Las Casas, se encontró que el 87.5% de las jóvenes indígenas y el 71.4% de las mestizas han sido víctimas de violencia.
El embarazo adolescente no solo refleja las desigualdades sociales, sino que también expone a miles de jóvenes a un ciclo de violencia que comienza en el hogar, continúa en la relación de pareja y se perpetúa en las instituciones de salud.
Las adolescentes entrevistadas describieron una serie de abusos que inician en el núcleo familiar, donde enfrentan rechazo, violencia física y presión para abortar. “Mi mamá me cacheteó y me dijo que abortara”, relata Belén, madre a los 13 años.
Dentro de la relación de pareja, muchas jóvenes sufren control económico, infidelidades y agresiones físicas. “Mi esposo me prohibía trabajar y me golpeaba borracho”, cuenta Gladys, de 18 años.
El estudio también evidencia graves casos de violencia en los servicios de salud, donde las adolescentes reciben maltratos en lugar de atención adecuada. “En el hospital me regañaron por ser joven y casi pierdo a mi bebé por negligencia”, denuncia Ramona, de 14 años.
Los datos muestran que el 43.8% de las madres indígenas tuvo su primer embarazo entre los 12 y 14 años, en contraste con el 13.6% de las mestizas. Hartmann atribuye esta diferencia a normas culturales que limitan la autonomía de las mujeres indígenas, muchas de las cuales son obligadas a unirse con hombres mayores, perpetuando relaciones de poder desiguales.
Además, el 45.7% de las jóvenes encuestadas sufrió violencia institucional, manifestada en retrasos en la atención médica, juicios morales y tratos despectivos dentro de los hospitales y clínicas.