Treinta años después

A Mi Manera, por Rodrigo Yescas Núñez ·

Un 5 de mayo de 1995 publiqué mi primera columna en El Sol de Chiapas. La titulamos mi abuelo Pancho Núñez y yo como A mi manera, y desde ese momento supe que escribir no sería solo un oficio, sino una forma de vida. Han pasado treinta años y, aunque los medios cambian, las plataformas evolucionan y la agenda se transforma, la necesidad de decir lo que pienso sigue intacta. Las hemerotecas físicas y digitales pueden dar cuenta de ello.

Desde aquel día he tratado de ser incisivo, crítico y directo, a pesar de ese consejo viejo que dice que no es buena idea dirigir un medio y al mismo tiempo firmar textos que señalan, incomodan y exponen. Pero hay una adrenalina especial, casi adictiva, en esos instantes previos a presionar el botón de “publicar” o “mandar”. Es un vértigo que no todos entienden, pero que para quienes vivimos de la palabra, resulta necesario.

Treinta años parecen mucho, y en verdad lo son. No siempre he podido mantener la misma constancia. La vida, los compromisos, los ritmos cambiantes de la rutina y los asuntos personales a veces te alejan de los renglones, pero de una forma u otra siempre he buscado estar presente. A veces en espacios tradicionales, como actualmente en radio FM con «Dos Tipos Tranqui», otras en proyectos como A Darle, con los amigos de Ahora Medios, y últimamente en TikTok y otras redes que nos han permitido seguir comunicando desde nuevas trincheras.

¿Que si lo voy a seguir haciendo? Por supuesto. Incluso después de haber vivido un par de atentados de aquellos que creen que callando periodistas se calla la verdad. Hoy entiendo que con los años y con la responsabilidad de una familia, la punta se lima, se vuelve menos filosa, pero nunca se quiebra. Quizá ahora se escriba con otro ritmo, tal vez con más pausa y reflexión, pero sin perder la esencia.

Aprovecho este espacio para agradecer a todos los que, en estos años, me han acompañado y leído, a quienes han comentado, criticado, debatido y hasta burlado de lo que escribo. Gracias. De verdad. Porque de eso también se nutre uno.

Treinta años después, sigo convencido de que hay cosas que se deben decir, de frente y a tiempo. Y mientras tenga la oportunidad, lo seguiré haciendo. Porque al final, uno no escribe por gusto ni por fama, uno escribe porque no puede evitarlo. Nos vemos…

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