Una alarma que no podemos ignorar
Chiapas, cuna de selvas, ríos y biodiversidad única, enfrenta hoy una de las amenazas más graves a su equilibrio ecológico: ha perdido el 60 por ciento de su cobertura forestal. Esta cifra, revelada por la coordinadora del Consejo Consultivo ante el Cambio Climático, Silvia Ramos Hernández, no es un dato menor; es una advertencia sobre la vulnerabilidad de nuestro estado frente a la crisis climática y la escasez de agua que ya comienza a sentirse.
Los pocos vestigios de selva conservada se concentran en Áreas Naturales Protegidas, mientras regiones como la Costa, Fraylesca, Sierra, Selva y Altos muestran una degradación severa. Este deterioro no solo afecta la fauna y flora locales, sino que convierte a los suelos en emisores de gases de efecto invernadero, situando a Chiapas —un estado no industrial— como responsable del 5.8 por ciento de los contaminantes del país, cifra comparable con estados altamente industrializados como Nuevo León.
Las consecuencias son claras: presas estatales con menos del 50 por ciento de su capacidad, riesgo de sequías y crisis hídricas, y un futuro incierto para nuestras generaciones. Sin una acción decidida y urgente, los efectos ambientales y sociales serán irreversibles.
La solución requiere reforestación estratégica, con cultivos que combinen restauración ecológica y desarrollo económico, como el café y el cacao, así como la implementación de sistemas silvopastoriles, infraestructura climática y educación ambiental. No se trata solo de proteger árboles; se trata de garantizar agua, suelo fértil y un futuro digno para los chiapanecos.
La pregunta que debemos hacernos hoy es clara: ¿estamos dispuestos a actuar antes de que sea demasiado tarde, o seguiremos permitiendo que Chiapas pierda lo que lo hace único en México y el mundo?












