RAYOS Editoriales · 4.2.2026

Chiapas bajo el signo de la violencia

La reciente ola de hallazgos de restos humanos en la capital chiapaneca ha colocado a Chiapas en un escenario de alarma que no puede, no debe ser ignorado. En menos de una semana, la ciudad fue testigo de tres hallazgos macabros, incluyendo una cabeza humana en el Parque Recreativo Caña Hueca, restos en bolsas plásticas sobre el Libramiento Sur y la movilización policial en un estacionamiento del Libramiento Norte Oriente. La violencia, perpetrada por grupos criminales, ha irrumpido con crudeza en espacios públicos, generando un clima de miedo y preocupación entre la población.

Ante este contexto, el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar ha tomado decisiones claras y firmes. La limitación de horarios nocturnos hasta las 2 de la mañana, la implementación de retenes y filtros de seguridad en todo el estado, así como la insistencia en medidas preventivas individuales, reflejan un enfoque de prevención y control frente a la criminalidad. Su mensaje es inequívoco: la seguridad es responsabilidad de todos y la vida de los jóvenes está por encima de cualquier ocio nocturno.

Ramírez Aguilar también rechazó la presión de sectores que buscan flexibilizar horarios de salones de fiestas o reinstalar carreras de caballos, reiterando que no se permitirá el regreso de actividades que se han convertido en puntos de encuentro de personas que no se dedican a actividades lícitas. Su postura deja claro que las reglas no son temporales: mientras él sea gobernador, la seguridad prevalecerá sobre la indulgencia.

Los hechos recientes son un recordatorio brutal de la persistencia del crimen organizado en Chiapas, con delitos prioritarios que van desde homicidio y asaltos a carreteras, hasta extorsión, secuestro y robo con violencia. Cada hallazgo, cada amenaza, exige una respuesta decidida de las autoridades y una corresponsabilidad de la sociedad para prevenir tragedias.

En medio de la alarma, no hay lugar para la indiferencia ni para la normalización de la violencia. La combinación de acciones firmes del Estado, filtros preventivos y autocuidado ciudadano es la única vía para proteger a la población y restablecer la paz. Chiapas se encuentra en un momento crítico: la seguridad no es negociable, y la prevención es urgente.

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