Domingo 20 DE JUNIO, 2021
Una hasta el fondo
GIL GAMÉS
CDMX
Miércoles 09 de Junio 2021, 22:53 hrs
Editorial
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Gamés

Una hasta el fondo | GIL GAMÉS
CDMX, a 09 de Junio de 2021

La ciudad perdida

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil reposaba de la agotadora jornada electoral a la que se vio sometido. ¿No les parece agotador oír durante horas a periodistas y comunicadores? ¿No les parece agotador sumar porcentajes y luego saltar de Sonora a Campeche y de Colima a Sinaloa? Gil es corto de entendederas y se le cruzaban los cables. Y luego ir a votar, qué trabajal. Y más tarde, dadas las circunstancias y la terrible tensión del día, mju, un whisky Glenfiddich con dos rocas.


Gilga terminó hecho polvo, pero tuvo una satisfacción: la debacle de Morena en la Ciudad de México. La ciudad perdida. La Coalición les arrancó el bastión histórico de Cárdenas y de Liópez Obrador, de la izquierda, (esa izquierda) y perdieron nueve alcaldías. Gil no quiere ser, como dice el Presidente, hipócrita, y confiesa que está de plácemes. Carlos Marín ya ha escrito que nada compensa la pérdida de la joya de la corona. Gilga considera que tiene razón: ha sido como perder el emblema, el centro de gravedad.


Desde 1997 la ciudad ha sido gobernada por el PRD y Morena. En el 2015 Morena le arrancó a Miguel Ángel Mancera, y al PRD, la mitad de las delegaciones del entonces DF.  Luego Claudia Sheinbaum arrasó en el 2018 y Morena se quedó con (casi) toda la ciudad. Pues se acabó lo que se daba. En el 2021 esta sucursal del infierno que sigue siendo el centro de los poderes federales se ha dividido electoralmente.


Prestigio y desprestigio


Con una naturalidad y sinceridad envidiables, el Presidente apareció muy de mañana y dijo que estaba “feliz, feliz, feliz”.  Morena había obtenido la mayoría simple en la Cámara y la ventaja en 11 gubernaturas, siempre según la nota de Pedro Domínguez y Alma Paola Wong publicada en su periódico MILENIO, pero criticó la guerra sucia que le restó votos a su partido en la Ciudad de México. Y el Presidente inició la agresión contra sus adversarios políticos.


Gil quiere detenerse en la guerra limpia (si hay una sucia, debe existir una limpia): la caldera del diablo de la pandemia en que se convirtió la ciudad y en la pésima administración del gobierno, menos el de Sheinbaum y más federal, o sea del Presidente. En ese sentido la jefa de Gobierno ha pagado facturas ajenas;  la tragedia del accidente del Metro y los muertos, y la respuesta del Presidente;  el cierre de negocios; el desempleo; el luto humano afuera de los hospitales y algo más, que no es lo menos: el agravio diario desde Palacio Nacional, corazón de la Ciudad de México, la ofensa a los gremios, a las personas, a los grupos sociales, a toda la prensa (casi toda), la amenaza al Poder Judicial, el desprecio a los médicos privados, la bravuconería de taberna, las acusaciones de corrupción a muchos empresarios, la división entre el México bueno y el México malo.


Todo esto ha ocurrido en la mañana, muy temprano en la Ciudad de México durante dos años. Y al final, la sobreexposición: hasta en la sopa el Presidente.  Gilga considera que el agravio provoca descontento. Gil repite: Sheinbaum ha pagado, y con gusto, los excesos de su jefe.


Pobres y ricos


Corre el borrego entre la tinta y el papel, la cámara y la pantalla de que la ciudad pobre y clientelar votó por Morena y la media y rica por la Coalición. Que nadie acepte este dulce rancio. Ni los ricos están aquí ni lo pobres allá. Amigos que no malquieren a Gilga le explican que la división de la ciudad no se fractura entre el este y el oeste. Las alcaldías pobres tienen clases medias, le explican a Gamés, y esas clases medias votaron por la Alianza, y las delegaciones ricas del poniente tienen bolsones de colonias pobres. Allí ganó Morena. Se llama, dice Gil, voto de castigo. Aquí y allá.


Será el sereno, pero de momento, el Presidente ha perdido a su precandidata presidencial. El otro precandidato, Ebrard, ha sido sometido a un desgaste muy intenso. ¿Monreal? Liópez Obrador cavila feliz, feliz feliz. Pues con la novedad de que Gilga también medita y está feliz, feliz, feliz. Por una vez coinciden el Presidente y Gamés. Ya era hora.


Todo es muy raro, caracho. Como diría Jean Paul Sartre: “Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace”.





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