LUNES 18 DE ENERO, 2021
Crónicas Condenadas
ORSON GE
Zapopan, Jalisco.
Miércoles 13 de Enero 2021, 20:44 hrs

Crónicas Condenadas | ORSON GE
Zapopan, Jalisco., a 13 de Enero de 2021

Vivimos en el país en el que la gente le tuvo más miedo al termómetro que al virus mismo

México vive progresivamente día tras día una jornada histórica peor que la anterior, mientras se saturan sus hospitales, mientras el oxígeno se vuelve más valioso que el oro y mientras tristemente vidas se nos escapan a diario porque no supimos o no quisimos hacerle frente a la peor epidemia que le ha tocado vivir a esta generación con responsabilidad. 


No solo nos lo advirtieron, lo vimos en otros países, el covid no perdona ni discrimina clases sociales, educación, convicción económica o política; y es igualmente mortal para quienes se ríen de él como para quienes le temen. 


Pocos fueron quienes acataron al pie de la letra los cuidados, y aún así algunos de ellos figuran en la estadística, sino por el descuido de alguien más. 


El coronavirus trajo a nuestras vidas implícitamente un sentido social que no hemos entendido a plenitud: nunca se trató de nuestras propias convicciones, de nuestra conveniencia, de nuestra comodidad o capacidad: se trató de proteger al vulnerable, de reconocer los límites del personal médico, que lleva un año, en el mejor de los casos, recibiendo varios pacientes tras de otro y que no han tenido paz, diversión, vaya, en ocasiones ni manera de lo más elemental: comer o usar el sanitario.


Los médicos han cargado aciertos y desaciertos de nuestra manera de enfocar una epidemia tan volátil como la que vivimos desde hace casi 14 meses. Son quienes han sido descargo de frustraciones, agresiones, maltratos y demás inmerecidas anécdotas, cuando paradójicamente son nuestra única esperanza en tanto nos llega el turno de recibir la tan anhelada vacuna.


Ellos también están hartos de no ver a sus familias; su encierro ha sido en un hospital, incluso en sus horas de sueño. Ellos también desearían volver a la vida de antes, incluso muchos viven también en la zozobra de saber cuándo será su turno para ser inmunizados.


México no ha dejado de experimentar picos de contagio mes tras mes; y no es gracias a la clase trabajadora. Las imágenes de hace apenas 3 semanas fueron claras: calles abarrotadas, centros vacacionales al tope, posadas, cenas y reuniones multitudinarias... aún no hemos visto lo peor de ese devastador efecto.


¿Qué saldo nos deja para los meses por venir? La curva de contagio pasará de un comportamiento lineal a exponencial, simplemente porque ahora son más los asintomáticos que creyendo que no están enfermos, seguirán esparciendo el virus hasta que sean inmunizados, agregados al comportamiento tradicional de contagio, que no ha aminorado en México desde su aparición.


Cierto que el gobierno hizo poco o nada por apoyar al sector productivo de modo que se pudiera replicar un caso como el de Nueva Zelanda, país para el que el virus no es cosa del pasado, pero viven ya sin él, sin contagios, y con las posibles amenazas bajo un estricto control que es caso de éxito a nivel mundial.


Fracasamos en nuestro intento de contener al virus; algunos porque no pudieron y muchos otros porque no quisieron. Entre quienes pensaron que el cubrebocas era mágico, entre quienes pensaron que no era necesario, y quienes creyeron cumplir "todas las medidas", la enfermedad se disparó rápidamente hacia arriba.


¿Usted en qué grupo queda?


Piénselo cada vez que le gane la idea de ser "más listo que el virus", porque simplemente no se puede.





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