MARTES 18 DE DICIEMBRE, 2018
Cotidianas
KYRA NÚÑEZ
Tuxtla Gutiérrez, Chis
Miércoles 03 de Octubre 2018, 0:21 hrs
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Cotidianas | KYRA NÚÑEZ
Tuxtla Gutiérrez, Chis, a 03 de Octubre de 2018

2 DE OCTUBRE DE 1968, el día de la disidencia libertaria

2 de octubre de 1968. No se olvida. No.


No lo viví, y no recuerdo que fuera noticia en Tuxtla Gutiérrez o quienes se inquietarían serían las familias que tenían hijos (muy pocas mujeres salían en aquel tiempo al DF) estudiando en la gran ciudad.


En Tuxtla Gutiérrez, muchos y no tantas mujeres empezábamos la preparatoria en el ICACH, muchas amigas estaban en la normal, edificio vecino a nuestra prepa y otras muchas seguían estudios en el Colegio de Niñas. Tlatelolco quedaba muy lejos.


2 de octubre? Silencio.


No sé si mis compañeros de prepa sabían lo que estaba pasando en el Defe desde el mes de julio. Mi hermano Rodrigo (1951-2016), un año mayor en la prepa, no lo recuerdo exaltado, porque si hubiese estado enterado de seguro que habría hecho un escándalo.
2 de octubre de 1968? Silenciado.


La verdad sobre el movimiento estudiantil del ‘68 me cayó cómo cubetazo de agua fría cuando inicié -y mi hermano Rodrigo también- estudios en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Y digo la verdad porque para 1970 ya se identificaba al culpable. El gobierno de Díaz Ordaz; y al gobierno entrante de Echeverría Alvarez, porque había sido el Secretario de Gobernación del presidente saliente y sabía, sin dudarse ya desde ese tiempo, qué había pasado de tan malo para acribillar a los estudiantes, detenerlos y torturarlos, desaparecerlos. Poco a poco esa verdad histórica ha ido perneando mi mundo.


El 2 octubre de 1968 no se olvida.


Nos dio la unidad estudiantil, el desafío de la independencia por la autonomía universitaria, la identidad de nuestro pueblo. Esa ola que inundó al mundo ese 1968 desde las barricadas de París, también llegó a México como algo inesperado. Inesperado para quienes no sabíamos. Tal parece que esperado para quienes sí sabían lo que estaba pasando en la UNAM. ¿Quién podría imaginarse que los defensores de la patria podrían voltearse contra su propio pueblo?.


El 2 de octubre del 68 nos dio la conservación de nuestras universidades, politécnicos y muchos otros institutos educativos futuros.


Me causa mariposas en el corazón recordar palabras de los líderes estudiantiles que comprendieron la relación de generaciones unidas por un lazo de conciencia de que la educación es tan vital como el flujo sanguíneo. En palabras del Rector Javier Barros Sierra: ¡Viva la discrepancia, porque es el espíritu de la Universidad!


Ese 2 de octubre de 1968 nos dio el principio de una nueva corriente de libertad, de independencia femenina, pues fueron muchas las que se congregaron en Tlatelolco, mostrando así audacia para llegar a donde las mujeres queremos, conciencia de que valemos tanto como cualquier otro individuo en nuestro mundo. De que, como decía Sor Juana Inés de la Cruz, “estudiamos no para saber más sino para ignorar menos”. De que tenemos cuerpo y éste nos pertenece.


Recuerdo el ambiente alterado, siempre tenso, muy flameado, que se sentía en nuestro mundo universitario y no era para menos, la FCPS era uno de los centros vitales del movimiento estudiantil junto a nuestros vecinos de Economía. Se sentía recelo. Y no entendí lo que pasaba hasta que supe lo que había pasado apenas dos años antes.


Me entró la vergüenza de que ese 2 de octubre de 1968 de seguro andaba despreocupada, por ignorante, de que personas de mi generación estaban sufriendo lo inimaginable, siendo atacados, masacrados…


No viví el 2 de octubre de 1968 pero no lo olvido.


Mis pasos me llevaron a la plaza de las Tres Culturas donde veía estupefacta que aún quedaban las marcas de las balas, alguien incluso me mostraba la sangre que no había sido lavada. Volteaba a mirar hacia arriba, hacia los temidos condominios Chihuahua de donde habían partido las balas. Y luego subía a los pisos donde vivían personas conocidas para mirar hacia abajo tratando de recrear una experiencia no vivida pero que dolía.


México es un país de jovenes,  y como los líderes estudiantiles decían: no basta tener veinte años para ser joven, para disentir, para oponerse a la represión, a la tiranía, a la mano dura, al control y a la dependencia forzada.


Quiero pensar que ese espíritu de discrepancia es el que ha motivado a más de 30 millones de personas, mayoría jóven, en encontrarse en un punto común con Andrés Manuel López Obrador, porque se tiene una causa justa, porque se unen de buena fe en un proyecto de nación que haga justicia para la historia.


2 de octubre del 68…


Hubieron quienes dieron ese día la vida para que otros sobreviviéramos, para que pudieramos seguir educándonos. Otros que se armaron de valor y siguieron la lucha. Unos cuantos que decepcionaron y traicionaron a sus compañeros y a  su propia dignidad. Muchos que quedaron marcados para siempre. Cientos que no olvidan. Miles que recuerdan. Millones que respetan ese dramático suceso en nuestra historia nacional.


Cito, 50 años después, el dolor de Rosario Castellanos en su Memorial de Tlatelolco: “Recuerdo, recordamos, hasta que la justicia se siente entre nosotros”.





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