MIÉRCOLES 17 DE OCTUBRE, 2018
A mi manera
RODRIGO YESCAS
Tuxtla Gutiérrez, Chis
Martes 24 de Julio 2018, 21:10 hrs
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A mi manera | RODRIGO YESCAS
Tuxtla Gutiérrez, Chis, a 24 de Julio de 2018

El fin del periodismo

Eso espero. O al menos del periodismo que conocemos. La mañana del martes una terrible noticia empezó a aparecer en varios grupos de whatsapp que comparto con amigos de la prensa: Rubén Pat había sido asesinado en Playa del Carmen. Lo último que supe de él era que editaba el semanario Playa News, que había arreciado su crítica contra varios agentes judiciales, a quienes acusó además de haberlo levantado y torturado hacía pocos días, y que hoy ya no está. Como tampoco está José Guadalupe Chan, reportero policiaco de ese mismo medio ejecutado el pasado 29 de junio.


Le doy un sorbo a mi café chiapaneco bien cargado y respiro hondo, en una especie de constricción ante la necesidad de patear lo primero que encuentre y, a la vez,  como queriendo ferviente despertar de lo que espero engañosamente sea una pesadilla.


Vienen a mi mente los textos de Zolliker (Miedo al Gobierno), de Alfaro (Yo Soy Prensa Vendida) y de Ksheratto (¡Váyanse a la Chingada!), hoy más certeros, desafortunadamente, que nunca.


José S. Zolliker, columnista y escritor, entre varios afanes profesionales más, narra la impotencia del reportero que critica los métodos y modos de un nuevo gobierno y, a cambio, recibe una amenaza final con su correspondiente golpiza. Los hechos superaron la ficción la mañana de ayer en Playa del Carmen.


Enrique Alfaro, caricaturista chiapaneco de renombre, se autoproclamó, visiblemente enojado,  “Prensa Vendida” ante los hechos irreconciliables que existen entre los reporteros de a pie, los dueños de los medios de comunicación y los críticos que quieren todo a cambio de nada.


Ángel Mario Ksheratto, periodista chiapaneco a prueba de adversidades, secundó a Alfaro y fue un poco más explícito al describir la incongruencia que viven hoy reporteros, medios y sociedad.


¿Lo triste? Que estas tres “histerietas” fueron cometidas antes del último asesinato de un reporteo en México.


Nunca me he considerado periodista, y varias han sido las veces que aclaro el punto. Y no es porque el oficio sea poco para mí, al contrario. Tienen todos mis respetos quienes gastan suelas y tunden máquinas en aras de informar. Yo sólo soy alguien que dirige el medio creado por el abuelo y que de vez en cuando opino sobre los temas en los que, creo, puedo aportar mi granito de arena para comprenderlos mejor.


Sin embargo tampoco creo que todos los dueños de los medios seamos esos seres despreciables que nos comportamos como verdaderos tiranos contra los reporteros y que los dejamos en los huesos mientras acumulamos fortunas aprovechándonos de su trabajo, no señor, aunque me consta que aún existen los de este tipo.


Fui a una Universidad que me enseñó valores muy puntuales sobre el periodismo y que hoy son la piedra angular desde la que dirijo a El Sol de Chiapas. No conozco a algún reportero que trabaje o haya trabajado para mí que tenga alguna queja que vaya más allá de un desencuentro más de responsabilidad que de profesionalismo, porque también de aquél lado hay quienes creen que con cabecearlo distinto deja de ser boletín, y pues no está mal a menos que se quiera cobrar por ello.


Luego viene el punto que considero crucial en esto del fin del periodismo tal y como lo conocemos.


Creo que no es posible concebir al periodismo como un ente aislado, que se puede analizar, criticar o desmenuzar a destajo. El periodismo se fue a vivir en unión libre con el gobierno porque la sociedad le dio la espalda tanto en lo crítico como en lo económico. Esta transición fue imperceptible hasta que llegó al extremo de lo sinvergüenza; de poner en pedestal cualquier acción de los gobernantes y dejar fuera la nota que de verdad importaba, pero que iba en contra del que firmaba los cheques. Toda una pena.


Ese es el periodismo que debe extinguirse, pero también estaría bueno terminar con el desdén, con la generalización (prensa vendida) y, sobre todo, con la parsimonia de la sociedad ante los esfuerzos de algunos medios de regresar al origen, de sacrificar los cientos de miles de pesos por los cientos de miles de likes en redes sociales que son hoy los que dan credibilidad al oficio. Lo siento por aquellos dueños de medios a los que se refieren Alfaro y Ksheratto, pues sin credibilidad, con esos costos y con la austeridad que presagia el nuevo gobierno, no la van a tener nada fácil.


¿Oye Chico pero entonces papel o internet?. El fin de semana tomé té con una persona que admiro y me dijo algo muy cierto: “Hoy en día, la gente que te podría leer en el impreso prefiere hacerlo desde su teléfono o tableta, pero no hay manera que el impreso le llegue a toda esa gente que ni siquiera puede leerte de manera digital”. El paradigma ahora es entender cómo comercializar lo virtual.


Hace poco en Chiapas se creó el Foro de Periodistas que ahora preside Itzel Grajales, periodista que es víctima reciente del abuso y poder de un medio de comunicación local que la despidió injustificadamente, junto con otros colegas suyos, y trafica influencias para negarles el pago. Quizá en otras ocasiones esa nota hubiera quedado archivada porque dicen que “entre gitanos no se leen las manos”, pero hoy los tiempos son otros, y como diría mi abuelo: “Hay plumajes que cruzan el pantano y no se manchan, mi pantano es de esos”. Nos vemos… y ojalá nos leamos más, es la única manera de acabar con el periodismo que no nos gusta, que nos hace mal. Todos y cada uno de los que han perdido la vida en la búsqueda de una nueva manera de comunicar se lo merecen.





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