MIÉRCOLES 17 DE OCTUBRE, 2018
Ecce Hommo
ROMMEL ROSAS
Villahermosa, Tabasco.
Martes 29 de Mayo 2018, 20:39 hrs
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Héctor
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Ecce Hommo | ROMMEL ROSAS
Villahermosa, Tabasco., a 29 de Mayo de 2018

La Política de la Decepción

El discurso político en la actualidad alejado de un análisis de la realidad que potencie el desarrollo de la sociedad; tiene, por el contrario, su base en jugar la psique ciudadana, misma que durante los últimos 50 años sufre de una decepción del estado en cómo se encuentran las cosas. La desaceleración de la economía a nivel global (y no se diga en el ámbito nacional o local); el crecimiento de la pobreza, marcado también por una disminución de la clase media; la sustitución del humano por máquina en muchas labores, mismas que han aumentado el desempleo; la sobre especialización del trabajo, acompañada de la idea de una competencia que nos pone en lucha de todos contra todos; entre muchos otros factores, nos ha puesto a la sociedad en una crisis que pareciera no tocar fondo aún.


Vive entonces la sociedad una especie de hartazgo de la situación en la cual vive; misma que se acompaña por un crecimiento en los niveles de delincuencia; la falta de oportunidades que sufren los jóvenes (en la actualidad la tasa de desempleo juvenil es de las más altas en la historia de la humanidad) y  los adultos mayores; nos ha hecho decepcionarnos de la clase política tradicional, misma que pareciera no renueva sus discursos y sólo agrega palabras modernas, sin ninguna solución de fondo.


En efecto, nos hemos convertido en la sociedad de la decepción; pocas serían las situaciones que no llegarán a decepcionarnos en el corto, mediano o largo plazos. Una sociedad esperanzada en un cambio inmediato, pero con temor a involucrarse en el mismo, so pena de perder lo construido hasta el momento. Sumergida, entonces, en una especie de mediocridad en donde nos sentimos superiores, pero hemos sido incapaces de desarrollar nuestros propios modelos de cambio, y por lo mismo le echamos la culpa, al villano favorito de todos los tiempos: el gobierno.


A eso juegan los políticos en nuestro tiempo, a llenar con sus discursos a una sociedad cuya decepción crece exponecialmente de la misma forma que se acelera la necesidad de contar con una esperanza que de solución a sus probemas. Se trata de interpretar el sentir de la sociedad, para beneficio de unos cuantos, no importando las consecuencias que se tengan de ello, la idea simple y vana es mantener el poder a toda costa.


Sin medir sus acciones y culpando siempre a los otros de los conflictos existentes en una nación, la política se atreve en estos tiempos a imponer visiones poco tolerantes del otro, sabiendo que los seres humanos somos animales con un grado de tolerancia muy bajo; basados siempre en las agresiones, buscan canalizar el tedio y hartazgo social hacia sus contrincantes, les incitan a la agresión, mientras ellos se lavan las manos. En el ajedrez político, los peones (la sociedad simpatizante de una ideología) ataca siempre primero, pocas veces es sacrificado un alfil o un caballo, y el Rey siempre protegido, es visto como libre de toda culpa.


Así al llegar al gobierno y demostrar que una cosa cosa es el discurso de campaña y otra muy diferente el actuar gubernamental, el ciudadano posmoderno no hace más que decepcionarse una vez más de la política; añora viejos esquemas, bajo el lema de “tiempos antiguos siempre fueron mejores”, y es permisible de actos de corrupción, siempre y cuando se reparta para todos.


Lo más triste de todo esto, son los jóvenes y el potencial que tienen para cambiar el modelo bajo el cual se rige el mundo. Ellos son los más suceptibles a decepcionarse de la política actual y, desafortunadamente son la carne de cañón de los partidos y sus líderes. Son los mismos jóvenes que no asisten a las urnas a votar, aquellos a quienes el modelo democrático de la actualidad les ha quedado en deuda, pero quienes también no quieren alejarse del mismo, dado el peligro de perder la libertad, esa bien tan preciado del capitalismo y que les hemos inculcado hasta en los genes. Todo para que dentro de seis años, muchos de esos jóvenes transformen su forma de pensar en torno a la política; decepcionados y traicionados, una vez más, por quienes se asumen como los grandes líderes nacionales.


No es sencillo transformar esta realidad, la posibilidad de llevar a cabo un cambio generacional que nos ayude a superar la crisis de credibilidad en la que se encuentran todas las instituciones – públicas y privadas – creadas por la humanidad durante varios siglos; sin embargo, es necesario generar las acciones necesarias para afrontarla. Asumir la responsabilidad que tenemos todos los grupos sociales en el desarrollo de la humanidad se constituye como uno de los grandes retos, lejos de encontrar héroes o culpables, la intención debe ser la de construir un futuro juntos, un futuro en donde la decepción sea ocasional y no la constante. Reflexionemos, no esta en juego solamente la viabilidad de una sociedad o un país en particular, nos estamos jugando el futuro de la humanidad.





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