Ciudad de México, 05 FEB.-La Presidenta Claudia Sheinbaum no sólo enfrenta a los cárteles del narcotráfico en México, sino a una red de colusión política que, de ser confrontada a fondo, podría poner en riesgo su propia coalición de Gobierno, advierte un artículo de opinión que aparece este jueves en The New York Times.
En el texto, titulado «No son los cárteles lo que preocupan a Claudia Sheinbaum» y firmado por la periodista Mary Beth Sheridan, se sostiene que la insistencia del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en lanzar acciones militares contra los cárteles dentro de México en realidad ignora la naturaleza política del problema.
«El problema no es simplemente que los grupos del narcotráfico ataquen al Estado», escribe la autora. «Es que con frecuencia forman parte de él».
Según Sheridan, combatir al crimen organizado en México implica no solo perseguir a traficantes, sino desmantelar estructuras locales de poder y enfrentar a políticos acusados de vínculos con el crimen, incluidos integrantes del partido gobernante, Morena.
La columnista recuerda que Trump ha acusado públicamente a Sheinbaum de estar «atemorizada» por los cárteles y de no gobernar realmente el País.
No obstante, la Presidenta afirma que la reticencia de la presidenta a una «guerra total» contra el narcotráfico obedece más a cálculos políticos que al miedo personal. A diferencia de su antecesor Andrés Manuel López Obrador, Sheinbaum no controla de forma absoluta a Morena, partido que -según la autora- está dividido en facciones leales a ella y al ex Mandatario. Avanzar contra políticos presuntamente coludidos con el crimen podría, advierte, debilitar al partido rumbo a las elecciones intermedias.
Sheridan documenta que la colusión entre autoridades y grupos criminales en México tiene raíces históricas. Cita al historiador Benjamin T. Smith para señalar que, durante décadas, gobiernos locales y estatales protegieron a traficantes a cambio de sobornos, práctica que no desapareció con la transición democrática ni con la llamada guerra contra el narcotráfico iniciada en 2006. En ese contexto, apunta que los cárteles actuales operan más como poderes territoriales que como organizaciones centralizadas, con vínculos estrechos con alcaldes y gobernadores, incluidos algunos de Morena.
Como ejemplo, la autora expone el caso de Hernán Bermúdez Requena, ex Secretario de Seguridad de Tabasco, quien -según documentos de inteligencia militar- habría colaborado con un grupo criminal mientras ocupaba el cargo. Bermúdez fue nombrado por el entonces gobernador Adán Augusto López Hernández, hoy senador de Morena, quien ha negado conocer las presuntas actividades ilícitas de su ex colaborador. Sheridan señala que estas afirmaciones han generado escepticismo incluso dentro del propio partido.
La autora afirma que Sheinbaum puede no temer personalmente a los cárteles, pero sí a las consecuencias de enfrentar un sistema de colusión profundamente arraigado.
«Con Trump presionando desde el exterior», escribe Sheridan, la presidenta mexicana se encuentra atrapada entre «una superpotencia que exige una cruzada» y un sistema político que, hasta ahora, ha sobrevivido sin romper con el statu quo.












