A Mi Manera, por Rodrigo Yescas Núñez
Me han buscado varias personas a partir de mi columna de ayer, y lo agradezco; porque cuando se escribe un texto como el anterior, uno sabe que va a levantar olas.
Mis contactos en las instancias judiciales me aclaran algo importante: el trámite sigue. No se detuvo. No se apagó. No se cerró. Ventajas de que esta sea una columna de opinión y una una nota que debe cumplir con el rigor periodístico que exige esta Casa Editorial
Eso sí, admiten que va lento, porque “así tiene que ser”, porque “hay tiempos legales”, porque “no se puede correr”. Y aquí es donde viene soy terco en mi respuesta, misma que sostengo con la autoridad que me dan estos más de treinta años de cometer esta columba: ese es precisamente el problema.
Porque una cosa es respetar el debido proceso —que nadie quiere dinamitar— y otra muy distinta es usar el proceso como pretexto para avanzar a tiempos convenientes cuando lo que está en juego es la integridad de una menor.
Dicho lo anterior, confieso que me da gusto que se haya causado ruido. De verdad.
Me da gusto porque hay veces que la burocracia solo reacciona cuando se siente observada. Porque hay expedientes que solo avanzan cuando dejan de ser invisibles. Y porque si mi texto sirvió para que alguien levantara el teléfono, revisara la carpeta, pidiera informes o apurara pasos… entonces valió la pena.
También me informan que, por el momento, la niña está con el papá, con medidas cautelares. Y esa noticia, en un escenario así, y después de haber sido testigo del maltrato a la niña Victoria por parte de su Madre, por supuesto que me alegra.
Pero no me voy a hacer el ingenuo porque no va conmigo y porque me lo reprocharía abismalmente: me dará más gusto cuando la menor reciba toda la protección del Estado. Toda. La completa. La integral. La que no depende de quién gane un juicio, sino de lo básico, lo que están de acuerdo con estos renglones comparten, y es que una niña esté segura, estable, acompañada, protegida y con seguimiento institucional.
Porque si hacemos cuentas —y esto también hay que decirlo sin hipocresías— ambos padres han sido acusados de algún tipo de abuso. Y cuando eso ocurre, la prioridad no es el orgullo de ninguno, ni los bandos, ni el pleito, ni el “yo tengo la razón”. La prioridad es una sola y solo una sola, la prioridad es la niña.
Sobre la jueza, de quien no dije el nombre —y no lo voy a decir— prefiero omitir el comentario fácil y quedarme con uno más serio, que es que haga la chamba por la que se le paga, por la que le pagamos, y sobre todo que recuerde que a veces los tiempos humanos no se parecen a los tiempos legales, y sí ya estamos en plan exigente, que entienda algo que parece obvio pero a veces se pierde en el escritorio: cuando se trata de una menor, la integridad de una vida y del desarrollo posterior de una misma está en riesgo.
«Oye Rodrigo pero no solo es Victoria la que padece estas circunstancias, seguramente como ella cientos, si no miles, sufren este tipo de casos». Por supuesto, pero lamentable o afortunadamente a mí llegaron los datos de este expediente, y si no puedo hablar por todos, al menos quiero sentar el precedente de urgencia que pueda servir a los demás, porque de quedarme callado sería cómplice de que este expediente, de lento, pueda convertirse en cruel.
Termino con algo que para mí es clave y quiero que la gente entienda: mis letras raramente son para exhibir, mis letras son para reclamar. Si me pierdo en los vericuetos de adjudicar culpas por doquier estaría abonando a la misma pérdida de tiempo que tanto he observado y criticado.
Ya termino pero quiero dejar claras algunas cuestiones, comenzando con que a mí no me interesan más las instituciones que las personas, y mucho menos cuando se tratan de menores. Si la maquinaria ya se movió, qué bueno. Si el trámite sigue, aplaudo. Si hay cautelares, soy el primero en celebrar, porque soy reacio a aplaudir el esfuerzo pero implacable en exigir el resultado correcto.
Gracias a las autoridades que han hecho y hacen caso de lo que aquí comento, quedo tranquilo sabiendo que se siguen los trámites y pesquisas para que Valeria pronto esté libre de todo maltrato. Nos vemos.












