Morbo digital

Por Rodrigo Yescas

En las últimas horas, dos diputadas chiapanecas han sido bombardeadas en redes sociales, no por su trabajo legislativo, sino por aspectos de su vida personal que, francamente, no deberían ser materia de juicio público. Y lo que más me preocupa no es el debate que esto genera, sino el hacinamiento de comentarios, memes y acusaciones en sitios que se dicen de noticias, pero que funcionan más como tragalikes, sin rigor ni ética periodística.

No me malinterpreten: las personas públicas deben rendir cuentas, y la ciudadanía tiene todo el derecho de evaluar su desempeño en la gestión y sus decisiones, en este caso, legislativas. Pero de eso a acusar, juzgar y ridiculizar la vida privada hay un abismo ético y humano que no debería cruzarse. Al final, estamos hablando de personas con nombre, familia y derechos, no de caricaturas para viralizar.

Me preocupa que muchos de estos portales digitales y cuentas de Facebook desconozcan qué significa hacer periodismo serio, o peor aún, que les importe poco. La velocidad de la viralidad ha sustituido al análisis, el click al contexto, y el morbo al respeto. En el proceso, la información se deforma, se exagera y se convierte en una especie de tribunal público que nadie pidió y que daña sin razón.

Es momento de recordar que criticar, cuestionar y escrutar es legítimo y necesario, pero el respeto a la privacidad y la integridad de las personas también lo es. Cuando mezclamos política con difamación y morbo, la democracia pierde, la ciudadanía se desinforma y la vida de quienes están en el ojo público se vuelve un espectáculo de violencia digital.

No estoy diciendo que nadie deba estar exento de evaluación; estoy diciendo que existe un límite entre la crítica legítima y la burla cruel, y ese límite debe marcar la ética periodística y la conciencia ciudadana. La opinión pública es valiosa, pero el respeto lo es aún más.

Chiapas merece un debate político con altura, no un circo de rumores. Y la sociedad también merece información seria, veraz y respetuosa.

Por si esto no fuera suficiente, hay también colegas que en el ánimo de dar su punto de vista cometen el error de mencionar a las afectadas con nombre y apellido, revictimizándolas sin darse cuenta y fomentando la el morbo digital, lo cual no abona absolutamente a la madurez de la prensa en Chiapas. Hay que capacitarse, pues.

Si algo nos deja este fenómeno de ataques en redes es una lección clara: el periodismo y la ciudadanía responsable no deberían nunca confundir la vida privada con la rendición de cuentas. Y quienes gestionan medios digitales o plataformas sociales tienen, o más bien tenemos, la obligación de reflexionar sobre el impacto real de los contenidos a publicar, porque detrás de cada post hay personas de carne y hueso, no simples trending topics. Se las dejo de tarea, mis ridículos «tragalikes«. Nos vemos…

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