Domingo 25 DE JUNIO, 2017
Oveja Negra
RODRIGO NÚÑEZ
Tuxtla Gutiérrez, Chis
Lunes 05 de Enero 2015, 19:06 hrs
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Oveja Negra | RODRIGO NÚÑEZ
Tuxtla Gutiérrez, Chis, a 05 de Enero de 2015

Pequeña canción para Noquis

Al autor del “Canto a Chiapas” lo conocí cuando ya había escuchado mil veces su famosísimo poema declamado en disco por Manuel Bernal, o por alumnos de varias escuelas que participaban en certámenes o en actividades culturales. El poeta y doctor Enoch Cancino era muy amigo de mi padre Francisco Núñez Lopez, un periodista muy leído en los años cincuenta con el pseudónimo “el gitano” quien, por si fuera necesario verificar aquella amistad, debo decir que “el gitano” fue testigo en la boda de doña Gloria y don Enoch en la ciudad de México y antes de que se levantaran las firmas de ley, le preguntó a la bella novía: ¿”Sabe usted señorita que se está casando con un poeta”? Es posible que quisiera decirle a doña Gloria que su novio era, como él, un bohemio irredento. De cualquier manera aquel matrimonio duró largo y feliz tiempo hasta que el poeta se fue de este mundo, de esta tierra que tanto amó.


Varios años el poeta Enoch Cancino fue funcionario del sector salud en Chiapas, mi padre me llevaba cuando lo entrevistaba y así pude saludarlo de viva voz, lo distinguía su amabilidad y sencillez de carácter. Desde aquella oficina el doctor Enoch presenció la trágica muerte electrocutado de un trabajador de CFE al que le dedicó un poema en el que expresa el pesar que le causó aquel accidente,


Los vínculos de mi familia y la de los Cancino son añejos. Mi abuelo fue muy amigo del padre del doctor Enoch y de sus familiares. El también doctor Jesús Cancino, hermano del poeta, salvó a mi padre de una enfermedad hepática que lo postró tres meses en cama; el doctor Chusito fue el pediatra de cientos de niños tuxtlecos (me salvó de morir por alergia a las avispas) y don Jesús destacó como político, entre otros cargos públicos fue secretario de gobierno en Chiapas.


El poeta Noquis (me permito desde este momento recordarlo con el apelativo que la gente, su pueblo, lo nombraba) demostró su vocación por la política y fue candidato perdedor de la única opción izquierda electoral de su tiempo: el Partido Popular Socialista, a diferencia de su hermano Jesús, un priista de por vida.


Su fuerte amistad con Juan Sabines Gutiérrez logró que Noquis fuera secretario del gobierno sabinista. Me tocó solicitar su ayuda para sacar del “bote” a un sobrino del impresor Francisco Gutiérrez al que don Juan castigó porque aquel sobrino con o sin razón le mentó la madre al “señor gobernador”. Bastó un telefonazo de Noquis a no sé quien para dejar en libertad al imprudente sobrino. También en otra ocasión el doctor Noquis, frente a mi, lamentaba el no haber podido evitar un lamentable hecho de sangre entre indígenas de los altos de Chiapas enfrentados brutalmente por causas religiosas.       


Con mi amigo Iván Camacho Zenteno coincidimos con la idea de publicar cinco mil ejemplares de bolsillo del “Canto a Chiapas” para obsequiarlos a las damas asistentes a los actos de campaña de Noquis para presidente municipal de Tuxtla que, por supuesto, ganó; entre otras cosas porque la tuxtlecada coneja casí idolatraba al populista Juan Sabines Gutiérrez. El doctor Noquis apoyó las actividades de difusión cultural que Gloria Zenteno y Ricardo Cuellar realizaban con gran asistencia de ponentes artistas y público en un sitio del centro en Tuxtla que se llamaba Café Charlot. No está por demás decir que aquel Charlot era el único lugar libre y sobre todo de entrada gratuita.


Noquis intentó ser un auténtico presidente y creía honestamente en el municipio libre, base de nuestra teórica democracia y ello le causó sufrir persecución y destierro. Y con la gran ayuda de sus amigos logró salir avante. Es posible que un acto que Noquis presidió desde el balcón de la presidencia frente a una multidud de “conejos", un autentico baño de pueblo en la noche del grito de independencia, donde cerca de él le oí decir feliz que solo él podía ser el nuevo Juan Sabines, le causara la enemistad casi abierta del gobernador.


Ya se la estaban haciendo cardiaca en el terreno administrativo, léase mala relación estado-municipio, cuando solicité audiencia para solicitar apoyo para un joven y muy brillante periodista chiapaneco, que al sentirse amenazado optó por irse al extranjero. Noquis no dudó un momento en facilitar su petición de auxilio.    


El doctor Noquis, entre otras vocaciones, tenía fuerte inclinación por la historia y la antropología. Encontró con la ayuda de un especialista los restos mortales de Fray Matías de Córdova en la iglesia más importante de Chiapa de Corzo, y trató infructuosamente de localizar el cuerpo del primer presidente socialista de la América española: XXX, un guerrero colombiano libertario que vino a Chiapas para luchar con Benito Juárez pero dicen que un militar chiapaneco envidioso y traidor lo desapareció. Noquis organizó una excursión a un sitio cercano a Comitán donde se creía habían enterrado al ex presidente, pero no apareció una sola huella. Entre los invitados a la búsqueda estaba un reconocido historiador experto en aquel tema colombiano-chiapaneco y el gran amigo y corrector de García Márquez, el poeta y escritor Álvaro Mutis, autor del famoso marino Maqroll "el gaviero". Lo que si logré fue que Mutis, a quien tuve el privilegio de atender, me dijera que luego de conocer la obra literaria de su anfitrión Noquis, consideraba que el poema de Enoch Cancino que dedica a su padre le parecía extraordinariamente bueno y promovería su publicación en el Fondo de Cultura Económica.


Hace cuarenta años fui a la casa del doctor Noquis (vivía en una esquina del barrio san Roque, frente a un jardín de niños). Toqué a su puerta y personalmente me atendió. Le dije si tendría otro poema que no fuera su muy famoso “Canto” para publicarlo en la “Oveja negra”, suplemento dominical de “El Sol de Chiapas”. Con mucho gusto sacó de su escritorio un poema nuevecito que subrayó estaba dedicado al joven poeta Raúl Garduño. Además, Garduño publicó muchos de sus propios poemas en “La Oveja negra”, y por  supuesto desde aquel día en San Roque me convertí en el editor bibliográfico de ambos poetas.   


El poeta Noquis, creo, es el único escritor chiapaneco que logró entre otros laudos ser miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua y a mi padre, su amigo de siempre, le dio tanto gusto que me pidió todas, exactamente “las cuatro paginitas tipográficas” de la “Oveja” para publicar el discurso recepcional del poeta Noquis. En aquellos tiempos, los poetas y los periodistas realmente conocían las artes de su oficio y dominaban magistralmente el idioma con el que se ganaban honestamente la vida. ¡Ojalá otros hombres y mujeres nuevos puedan recantar o recontar a Chiapas! Pero como están la crueldad, la violencia y la impunidad criminal en el país, un nuevo canto general sería un terrible y desolador “blues” que exija identificación y castigo para los asesinos de los 43 estudiantes normalistas de Guerrero y otros lugares de México, donde el hombre enloquecido por las drogas, el poder y el dinero se ha convertido en el peor enemigo de sus congéneres... 





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