LUNES 21 DE AGOSTO, 2017
Editorial
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Tuxtla Gutiérrez, Chis
Martes 26 de Julio 2016, 8:44 hrs
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Tuxtla Gutiérrez, Chis, a 26 de Julio de 2016

A la memoria de Rodrigo

A LA MEMORIA DE RODRIGO.

Antes de conocer personalmente a Rodrigo Núñez de León, conocí a su hermano Gonzalo. Mi papá me lo presentó en una conocida cafetería del centro de Tuxtla Gutiérrez, en 1983. Llegamos para sentarnos en una mesa donde habían varias personas entre periodistas, artistas y aprendices de políticos. Todos nos saludamos y cuando le tocó el turno a Gonzalo mi papá me dijo categórico: "Te presento a Tinieblas, sin máscara". Le creí y todos rieron. Algunos años después me presentó a Rodrigo o quizá nos presentamos solos. Rodrigo encarnaba a la perfección la imagen del periodista culto, y era en más de un sentido un hombre que imponía. Mi papá había logrado la creación del Foro Cultural Universitario de la UNACH en 1991 y Rodrigo fue una pieza esencial para consolidar ese espacio de expresiones plurales; un oasis en medio del desierto. Recuerdo que Rodrigo fue la primera persona que conocí que había ido a un concierto de Pink Floyd en Londres, y fue el primero que me habló seriamente de esa banda británica; como un Dalai Lama a punto del extasis. Por si fuera poco le robé dos discos esenciales de la discografía pinkfloydiana. "¿Por qué te robaste mis discos? Me preguntó en una ocasión. ¡No mames Rodrigo, yo no los tengo". Le respondí. Y el reclamo derivó en una súplica: "Te perdono si me devuelves un libro que le regalé a tu papá sobre la historia del periodismo en México". Opté por cortar la charla.


De las ultimas veces que platiqué con él fue a petición de un amigo que estaba haciendo una investigación sobre el poeta chiapaneco Raul Garduño. Rodrigo había sido muy amigo del poeta y acordamos una cita. Rodrigo se extendió en anécdotas, y al final me dijo como en un susurro que iba a regalarme algo de lo mucho que tenía de Raúl. Nunca me entregó nada. Ese mismo día intentó venderme un libro editado por el Fondo de Cultura Económica, que según él era imposible conseguir. Le dije que no, que no me interesaba y que mejor buscara en su biblioteca los libros del venezolano Miguel Otero Silva y me los vendiera. "Te los pago bien" le aclaré, pero me respondió que no lo había leído... "¿Y cómo mi papá sí lo leyó?" Le pregunté. Me respondió con una carcajada y agregó: "Tu papá leyó todo". Rodrigo es el autor intelectual del mito de que mi papá leyó más de 20 mil libros.


La primera vez que me invitaron a colaborar en un semanario de circulación local -hace muchísimos años- escogí un tema al azar. Pensé en el Sabinal, y lo que representa ese río que como el Sena recorre la ciudad. El artículo fue publicado, y unos días después me encontré a Rodrigo en las oficinas de la Dirección General de Extensión Universitaria de la UNACH. Estaba sentado leyendo un ensayo sobre el arte del siglo XVIII, lo interrumpí, le comenté el "gran" acontecimiento, le mostré el semanario y le pedí de favor que lo leyera y me diera su opinión. Lo dobló delicadamente y subió las escaleras. A los 10 minutos regresó, y me lo devolvió todo subrayado. Sentí mucha pena, pero él mismo, magnánimo, me salvó del derrumbe: "Me gustó, vas a llegar a escribir bien. Es cuestión de lecturas, practica y tiempo".


No sé en qué año a Rodrigo le dio una embolia y apenas podía moverse y hablar, aunque continuó trabajando. Un día me lo encontré de camino a un cajero automático. Andaba encorvado, usaba bastón y arrastraba los pies. Lo vi de lejos, lo alcancé, lo tomé del brazo y lo acompañé a su destino. Una cuadra la recorrimos como en 10 minutos. Lo esperé a que retirara su dinero, le pregunté hacia donde se dirigía y le sugerí que si me esperaba lo podía llevar a su casa en mi carro, a todo dijo que sí. Cuando subimos al auto, prendí el estéreo y de mi usb seleccioné el The wall de Pink Floyd. Rodrigo se emocionó muchísimo... No lo llevé a su casa, lo dejé en el parque de la marimba. Minutos antes de que se bajara me dijo: "No te imaginas el gusto que me da verte en tu carro, verte tan bien, tan seguro, y escuchando a Pink Floyd". Recuerdo que lloré. Rodrigo conocía a la perfección los efectos devastadores que en mi familia había tenido el asesinato político de mi padre. Meses después nos volvimos a ver. Yo estaba en el Museo de la Ciudad, y él había llegado a un evento. "Qué bueno que te encuentro -me dijo- te traigo un regalo". Y me entregó una novela de Alejo Carpentier. Fue la última vez que nos vimos. Hoy, Rodrigo Núñez de León, falleció.

Jorge Mancilla Mendoza.





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