LUNES 21 DE AGOSTO, 2017
LOS COLORES QUE VÍ
EDUARDO BALLINAS
Tuxtla Gutiérrez, Chis
Viernes 26 de Junio 2015, 0:04 hrs
Héctor
Estrada
Rommel
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Gerardo
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Gilberto
Carbonell
Sebastián
Linares

LOS COLORES QUE VÍ | EDUARDO BALLINAS
Tuxtla Gutiérrez, Chis, a 26 de Junio de 2015

Los colores que vi

Los empresarios habían intentado resumir en un documento, las propuestas consideradas como prioritarias para Tuxtla Gutiérrez; café y galletas, como si engordar o alterar los nervios fueran los objetivos; reunidas cámaras empresariales, organizaciones de estudiantes, activistas, periodistas, líderes de opinión y un colado, yo.


Y los candidatos desfilaron. El orden de aparición no es necesariamente el observado. 


Los vi a los diez, llegar con su carga. Qué difícil es proyectar una imagen improvisada en días, sobre todo cuando va en contra de sus costumbres, de su accionar usual, de su educación, de lo que traen arrastrando. 
El que la tuvo más fácil, el azul; agresivo en su manera, echado para adelante, como le gusta a una buena parte de los votantes activos, ávidos de encontrar un guía que presuma de asumir las responsabilidades aunque no le importen, que les diga a los demás lo corruptos que son, que se dé aires de pureza, que busque ejemplos en los personajes de la historia, Mujica, Rockefeller, aunque luego no sepa qué hacer. La tuvo fácil porque su autoestima es producto de la inconsciencia. Similar al niño que comete las faltas sin saber porque carece de un referente ético, este candidato no logra percibir sus propias desviaciones y en lugar de racionalizar un cambio, convierte la contienda en una competencia de cinismo o puerilidad. Por supuesto, firmó los compromisos sin leer, como se acostumbra en el medio, irresponsable, porque se sabe que al final del camino, en caso de ganar, se reirá de la buena fe de los creyentes en estos ejercicios que deberían reflejar verdaderamente a la democracia, quienes no tendrán ningún medio para castigar efectivamente a los mentirosos. Porque como niño, se asumió cubierto de antemano por la mala memoria, y se fue saboreando el dulce aunque a la hora de no pagar haga uso de su inocencia fingida o de la complicidad de los demás que siempre lo han visto con ternurita.


El tricolor; poco se puede decir, llegó tarde, tarde, tarde. Dio como vio, ofreció una disculpa nada sentida, propia del seguro ya del poder. Igual que el azul, firmó sin leer. La irresponsabilidad campante… ahorremos espacio.


El amarillo, toda una sorpresa. Con el mejor diagnóstico de la situación, peculiar para un partido que acostumbra arremeter contra los oficiales como arma electoral, con propuestas puntuales para su diagnóstico, con ánimo conciliador, hasta medio académico. Los prejuicios trabajarán en su contra, la maquinaria saldrá a apabullarlo el día de la elección y se quedará sólo con un futuro que pareciera prometedor, si esta derrota no convence a los que ahora lo apoyan, sobre la poca conveniencia de su estilo. Arropado por el presidente nacional de su partido, dio una desmostración que pudo haber sido premiada con rabo y orejas si no acostumbrara pegarse demasiado al micrófono y tuviera la mitad de la enjundia del azul; afortunadamente para él, el estilo se corrige fácilmente.


De los demás, mejor lo dejo que vuelva a sus verdaderamente valiosas actividades, lector. La jurista que no conoce la ley ni las responsabilidades de un ayuntamiento; el que manda un mensaje que bien visto era valioso pero que mal leído, como fue, resultó aburrido y poco estimulante; la que miente en descampado presumiendo sus habilidades maternas y su extraordinaria trayectoria, interesada por el ayuntamiento porque debían cumplir cuotas; el que se disculpa por saltar de un partido a otro (bien dicen que disculpa ofrecida…), y todos los demás que no entendí bien a bien cómo habían llegado ahí. Todos hicieron lo mismo, agradar sin reflexión, ganar votos e intentar burlarse después.


El único que, mostrando sorpresivamente un poco de inteligencia y responsabilidad intentó leer los compromisos signados, fue el independiente. Sin embargo, la presión social, o la prisa, o porque ya se ha instalado en la corte de los milagros, lo obligó a firmar sin razonar, sin considerar, sin comprometerse.


Qué pena, y no por ellos; por la ciudadanía. 


Porque cuando lleguen a la urna, sabrán que es muy probable que esa persona que públicamente le sonríe y se muestra agradable y le hace promesas, durante la toma de decisiones en privado se disfrace de otra cosa y se olvide o se mofe y muestre otra cara. Qué lástima que haya tan pocos éticos con habilidad o entusiasmo.


Porque cuando dejen la urna, rogarán a la divinidad más familiar, haber votado por la opción menos mala.
¿O usted qué opina?





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